"Imagination is the one weapon in the war against reality."

Jules De Gaultier



jueves, 6 de marzo de 2008

El Final. En Serio.

De antemano sabía que serían veinticuatro episodios, pero no imaginé que tardaría tanto en publicarlos todos.

El Candidato Indiscreto ha sido un experimento en varios aspectos. En realidad, la historia no fue escrita para RFJ Planet. En el 2005, mientras La Niebla estaba en imprenta, colaboraba con una página literaria en un periódico de la localidad y me ofrecieron la oportunidad de escribir una historia serializada para publicar un capítulo por semana. Como en ese entonces me preparaba para lanzar a Sabrina, de inmediato decidí que la historia sería sobre ella, y concebí una trama que actuaría como un "piloto" para presentar al personaje y, si tenía suerte, crear un buzz para La Niebla. Quienes han seguido la historia habrán notado que está completamente enfocada en Sabrina. Aparte de los personajes secundarios que forman parte de la trama, no conocemos a nadie de su mundo excepto a Samuel. No aparece su familia paterna, por ejemplo, ni Andrés.

Me encerré en los carnavales de ese año y escribí toda la historia. Ese fue otro experimento. Había estado pensando en tratar de diseñar capítulos más cortos para mis historias, ya que como lector aprecio cuando autores de esa forma te dan la libertad de leerte un capítulo entero mientras estás en la fila del banco, o mientras almuerzas en un día de trabajo. El célebre Dan Brown es uno de esos casos. Como ECI sería sólo una sección de aquella página literaria, estaba obligado a diseñar la narración de esa forma. Y me dio la oportunidad de experimentar cómo transmitir suficiente información en cada episodio para avanzar la historia y ensayar el cliffhanger al concluir cada entrega.

Concluida la narración, vino un giro inesperado al proyecto: La página literaria fue cancelada, y el "piloto" nunca sucedió. La Niebla recuperó su puesto como la aventura inaugural de Baker Street Security. Quizás fue positivo que aquello sucediera. Creo que quienes editaban la página no esperaban una saga de más de veinte capítulos, después de todo.

Luego del lanzamiento vino el blog, y me inspiró la idea de tener material disponible en internet . ECI era la elección obvia; la historia ya estaba lista y no iba a hacer nada más con ella. Y así en Octubre del 2006 publiqué en RFJ Planet la primera entrega de esta saga que hoy concluye.

El fenómeno de los blogs se vuelve cada vez más interesante, y ha abierto nuevas puertas a la literatura. Hoy en día puedo seguir de cerca a autores internacionales que me interesan visitando periódicamente sus blogs. La blogósfera panameña ha crecido enormemente, con interesantes páginas como La Hoja (http://lahoja.blogspot.com/), Artefacto (http://artefacto.wordpress.com/), miniTextos (http://www.minitextos.org/), Internatural (http://internatural.blogspot.com/) y muchas otras que abordan una gran variedad de temas. (Pueden leer un poco más sobre ellas aquí: http://artefacto.wordpress.com/2007/08/19/espacios-virtuales-con-gente-real-un-ano-despues/#more-591)

La facilidad con la que se bloggea ha generado una comunidad global virtual que expresa sus ideas e intereses, y hoy en día hay tanta información en internet que es difícil estar al tanto de todo lo que te llama la atención. Me ocurre que a veces "accidentalmente" pierdo horas de un domingo yendo de página a página.
Para el escritor presenta un desafío interesante. ¿Por qué compras un CD o una canción en iTunes? Seguramente porque la escuchaste en la radio primero. Teniendo la herramienta, ¿no deberíamos los escritores "audicionar" por la atención de nuestros lectores? Desde el asiento del lector pienso que es una excelente idea. Y ese fue el último experimento de ECI. Ahora tengo una completa historia en línea que cualquiera que esté considerando adquirir alguno de mis libros puede leer gratis antes de tomar su decisión. Ojalá esta idea se le contagie a muchos más escritores. Definitivamente sería un buen incentivo para expandir mi biblioteca.

Y, ¿qué viene después? Aún es prematuro decirlo, pero espero lanzar material nuevo en el 2008, y no en formato digital. Quizás más adelante tenga otra historia con el diseño adecuado para publicarla en RFJ Planet.

Por ahora, creo que ya he digresado lo suficiente, así que los dejo con el episodio final de El Candidato Indiscreto ... después de una pausa comercial. ;-)

Saludos,

"....Some will win, some will lose
Some were born to sing the blues..."
Journey
Don't Stop Believing

De La Pila de Libros ...

La imaginación de Michael Crichton siempre concibe historias fascinantes. En su más reciente novela, Next, retoma el tema de la Ingeniería Genética que ya previamente había abordado en la memorable Jurassic Park. Pero esta vez la premisa es distinta, su enfoque no está en los productos de esa ciencia sino en la conducta humana y la falta de responsabilidad social. Crichton trata de llevar los avances actuales a su próxima etapa y nos presenta una sociedad repleta de posibilidades: Un hombre cuyo cuerpo venció al cáncer se ve sujeto a un fallo judicial que determina que sus células son propiedad de una corporación. Un orangután modificado genéticamente sólo sabe decir palabras soeces en todos los idiomas. Un líder en la investigación genética es también un popular evangelista que diseña sus sermones para beneficiar su agenda de negocios. Los genes para encajar socialmente, para la irresponsabilidad y para la adicción a las drogas son identificados, controlados y, sobre todo, patentados. Animales son modificados genéticamente para declararlos obras de arte. La naturaleza es alterada para desplegar mensajes comerciales. La desinformación es juego de niños cuando todos ponemos fe ciega en Google. Un chimpancé con genes humanos se integra a una familia de homo sapiens y resulta más noble que cualquiera de ellos. Y un papagayo modificado genéticamente no sólo tiene personalidad y puede hablar cual humano sino que es un genio matemático y el “personaje” más agradable de la historia.

Lo más interesante es que Next difícilmente se puede describir como un thriller, dada la ausencia de un incidente fabricado por el autor para crear la tensión. Propongo más bien clasificarlo como un drama humano que lo único que toma prestado del thriller es el ritmo trepidante que te mantiene ansioso de leer el siguiente capítulo. Ningún personaje adquiere protagonismo y más bien se destaca el comportamiento colectivo de la muestra social que su elenco compone, sirviendo como denominador común la avaricia corporativa y la amenaza del comercialismo genético.

Les recomiendo plenamente esta novela.

El Candidato Indiscreto: Episodio XXIV

Me tomó tres días ubicar este apartamento. Cuando toco la puerta y me preguntan quién soy, respondo con el nombre de una floristería popular. La puerta se abre con ingenuidad, y Caridad me contempla con la boca abierta.

“¿Quién es, cariño?” Oliver Coronado entra en escena, y queda perplejo al reconocerme.

“¿Ya desayunaron?” Les pregunto con una gran sonrisa. “Traje donuts.”

Ellos aportan sendas tazas de café y yo les explico en dónde fallaron. “Tanto las fotos como las cartas de recomendación las imprimieron en el partido,” señalo. “¡Y esa impresora está defectuosa! De ahí, la cosa fue fácil. La primera vez que encontramos sus huellas digitales en la foto—” Le digo a Oliver. “—asumimos que las había manipulado al recibirlas. No se nos ocurrió que estaban ahí desde el momento en que las imprimió.”

“Yo nada más quiero salirme de la política de una buena vez,” confiesa Oliver. “Esa vida me tiene exhausto. Pero esta gente que me está respaldando… Si les echo ese balde de agua fría, van a querer desquitarse. Y no sólo a mí me pueden perjudicar. Tengo que pensar en mi hija, que tiene que terminar su universidad y hacer su vida profesional. Necesito mejorar nuestra relación.”

“¿Lucero sabía?”

Oliver asiente. “Es la única, además de nosotros dos, que conocía el plan. Nunca se me ocurrió que contratarían a una detective y que se armaría semejante enredo. Jamás quise poner tu vida en peligro, Sabrina.”

“¿Y qué piensa Lucero de su relación con Caridad?”

Oliver le lanza una sonrisa paternal a la bailarina. “No lo aprueba, por supuesto;” admite. “Y la entiendo perfectamente. Caridad y yo… Nos tenemos mucho cariño, pero ambos sabemos que esto no va para ningún lado. Como se dieron las cosas, la pobrecita es la única que se quedó sin coartada. Así que la traje a este apartamento para que se oculte hasta que las cosas se calmen. Entonces le compraré un pasaje para que regrese a Colombia y esté con su familia.”

“Oliver es muy generoso,” Caridad le acaricia la cabeza. “También me va a dar un fondo para que comience la universidad.”

“¿Y ahora, cómo escapará de la política?” Le pregunto a Oliver.

“Aún no lo sé,” él admite. “Tendré que idear una forma más… honesta.”

Del bolsillo de mi pantalón saco el memory stick con la evidencia y se lo entrego a Coronado. “¿Le va a decir a alguien?” Inquiere temeroso.

“No veo por qué,” lo tranquilizo. “Mi labor ha terminado.” Miro a Caridad. “Sólo hazme un favor, ¿sí, Cari? Comunícate con tus amigas y déjales saber que estás bien. Andan muy preocupadas por ti.”

Nos despedimos, le deseo suerte a ambos, y salgo del edificio satisfecha. Ahora sólo me queda una cosa por hacer para cerrar el expediente.

Unas noches más tarde, Belén y Donna me ayudan a colarme a Babylonia. Hemos elegido un día en el que Virgilio no está presente. Él anda muy ocupado con los problemas legales que le han caído encima a raíz de las actividades ilícitas que se desarrollaban en su negocio. La concurrencia ha disminuido a un treinta por ciento; la clientela de estos sitios valora la discreción, y no les hace gracia el reciente escándalo. Pero siempre hay un puñado de degenerados a quienes ese tipo de cosas se les resbala.

Ni Donna ni Belén se explican por qué he vuelto con mi antiguo uniforme de mesera, ni por qué finjo que aún laboro ahí, atendiendo a los clientes. Pero el objetivo se hace claro cuando un borracho me da una palmada en la nalga.

“¡Mami!” Me dice.

“¡Mi nombre no es mami!” Le advierto al verter una cubeta de hielo en su entrepierna. “¡Mi nombre es Sabrina Saavedra!” Soy una investigadora privada. Y abandono Babylonia por última vez en medio de una ronda de aplausos.



FIN


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domingo, 13 de enero de 2008

¿Todavía no tienes tu ejemplar de La Niebla? ¿Recién se había agotado en la librería que visitaste? ¿Tu horario te impide llegar a tiempo a comprarlo?

¡Descuida! Ya puedes ordenar esta novela en línea, y te la entregaremos a domicilio. Haz tu pedido a ramonfjurado@gmail.com.

El Candidato Indiscreto: Episodio XXIII

El rostro de Leo se desencaja, su pierna estalla en un chorro de sangre y él se desploma como un muñeco.

“Te di una oportunidad.” Detrás de él se encuentra Esteban Sucre, portando su propia arma. No sé cómo un hombre tan grande puede ser tan sigiloso. “¿Y así es como me retribuyes?” Jamás había estado tan feliz de ver a Sucre.

Leo grita como un demente. “¡Me destrozaste la rodilla, hijo de—!” Se queda mudo al ver cómo Estaban carga otra bala en su recámara y le apunta al pecho.

Mi alegría se desvanece y de un brinco me interpongo entre los dos policías. “¡¿Qué es lo que haces?!” Le reclamo a Sucre.

“Salvando tu vida,” me responde impávido.

“¡Bullshit!” Le grito. “¡Ya la salvaste! ¡Ahora baja esa fucking arma!” No le dejo opciones, así que me hace caso.

“Imán de problemas,” masculle Sucre de mala gana. La tensión desciende sobre mi cuerpo adolorido, y busco dónde sentarme. Lo más lejos posible de los quejidos de Leo.

La presencia del Director de la PTJ hace que el local quede inundado de policías en cuestión de minutos. A Leo se lo llevan en una ambulancia, escoltado por dos patrullas hasta el Seguro.

Acordamos que mañana iré a la sede de la PTJ a interponer mi querella formal contra Leo. Ahora sí se lo llevará el diablo. Pero la noche no ha sido amable con Sucre. La mirada férrea que me lanza mientras cojeo hacia mi auto me notifica que nuestra tensa relación ha ascendido a un nuevo nivel de animosidad. Hoy presencié su faceta de ‘Harry El Sucio’. Ahora sé que no es un policía corrupto en el sentido tradicional del término, pero que sí juega con sus propias reglas, y no son para nada limpias. Se corrió un riesgo mostrándome ese lado de su personalidad, y no le agrada para nada saber que no lo apruebo.

A bordo de mi auto permito que mis ojos descansen unos minutos. La pelea ha logrado despejar las preocupaciones de mi mente, y en ese perfecto instante de paz una idea fresca emerge a la superficie. Sonrío, intrigada por esa posibilidad, y enseguida busco en el asiento trasero la carpeta que me entregaron en el Partido Innominado. La abro y reviso las cartas que contiene. El texto de cada una es predecible: Recomendaciones estelares para Baker Street Security. Lo importante es que cada una tiene el membrete a color de su respectiva empresa. Podría estar equivocada. Es un tiro bien incierto. Pero tengo un feeling de que estoy en la vía correcta. Finalmente.

Tras doce horas de sueño y una más en la tina de mi apartamento, me siento como una mujer nueva. Hago una cita con Ismael, quien accede con curiosidad. Me da el trato expedito acostumbrado apenas me presento a su oficina, y le entrego las cartas de recomendación.

Luego de una inspección minuciosa, me dice con una sonrisa, “Tenías toda la razón, Sabrina. Estos logos tienen el mismo defecto en el magenta que las fotos que me trajiste.”

¡Bingo! De mi cartera saco una cabeza de impresora que pongo en sus manos. “¿Podrías revisar si esta cabeza tiene el defecto del que hablas?” Él pone manos a la obra, pero en realidad es inmaterial.
Ya no me quedan dudas de que he descifrado la clave de este misterio.

¡CONCLUIRÁ!


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Episodio I:
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Episodio XXII: http://rfjplanet.blogspot.com/2007/12/el-candidato-indiscreto-episodio-xxii.html

martes, 25 de diciembre de 2007

El Candidato Indiscreto: Episodio XXII

Giro muy despacio. No quiero que un movimiento brusco provoque a mi atacante. Pero antes de verle la cara ya he reconocido su voz.

“Leo,” le digo cuando finalmente hacemos contacto visual. “¿No estabas en la cárcel?” La última vez que me enfrenté a este policía corrupto me apuntaba con una pistola y yo andaba desarmada. El deja vu es ineludible.

“Los beneficios de un buen abogado y una fiscalía lentísima,” responde complacido. “Me aplicaron una medida cautelar hasta la audiencia preliminar. No me iban a dejar encerrado con un poco de delincuentes comunes.”

“Eres un delincuente común, Leo;” aclaro. Debería aprender a controlar mi lengua en circunstancias como ésta. Pero nunca lo he logrado.

“Cállate y entra, perra;” me ordena, y me fuerza a volver al interior del gimnasio. “¿Cuánto te pagaron, ah? ¿Cuánto te pagaron por cargarte mi carrera?”

“¿Cuál de las tres?” Replico. “¿La de policía, la de narco o la de extorsionista?” Estoy pidiendo a gritos una bala en la nuca...

“Te voy a llenar esa boca lisa de plomo,” me amenaza.

“Y eso ayudará tanto en tu audiencia preliminar…” Añado.

Leo resopla. “Para cuando encuentren tu cuerpo yo no estaré en el país;” advierte. “¿Tú crees que no lo tengo todo pensado, ya?”

“No lo sé,” miro a mi alrededor. “¿Tu plan maestro incluye matarme en medio gimnasio?”

“Vamos a usar la puerta trasera, del otro lado del local, y vamos a dar un paseo;” me indica. Ya tengo toda la información que requiero, y lo he distraído lo suficiente como para hallar inspiración en mis alrededores. En nuestra confrontación anterior usé polvo de maquillaje; ésta vez espero a pasar suficientemente cerca de uno de los bancos de pesas como para empujar sutilmente el disco de una barra, la cual sin balance se va hacia el lado opuesto, hacia Leo. Él no titubea en disparar, pero su instinto de preservación lo ha hecho retroceder para no ser golpeado por la barra, y la bala sale hacia el techo. Hago un clavado entre las máquinas, y para cuando él vuelve a disparar, ya estoy fuera de su línea de visión. La oscuridad nos beneficia equitativamente.

Leo maldice el día en que nací. Se siente muy seguro con su pistola, de lo contrario guardaría silencio para no revelarme su posición. No sabe que tengo en mi poder un disco de diez libras, que en el momento oportuno aviento contra él cual frisbee. El disco alcanza su brazo derecho y con un alarido de dolor suelta el arma.

“¡Coño, me quebraste el brazo!” Ruge desquiciado. Me confío demasiado y me abalanzo hacia él, pero Leo toma una mancuerna con su brazo sano y me la arroja. El metal golpea mi hombro derecho y el dolor se entierra en él como un taladro hirviendo. El impacto me estrella contra una máquina de pectorales, su asiento me hace perder el balance y aterrizo sobre mi espalda. Con el rabo del ojo diviso a Leo, intentando recuperar su arma. Suelto el cable que sostiene las pesas de la máquina, y lo utilizo como un látigo para azotarlo. Él me mira desconcertado y retrocede. Gano segundos que me permiten incorporarme. Pero él continúa peligrosamente cerca de la pistola, así que cambio el cable por la barra y me le tiró encima. Nos desplomamos al pie de la pesa. Leo tiene su brazo izquierdo interpuesto entre la barra que yo empujo con todas mis fuerzas y el cuello que intento oprimir. Su brazo derecho yace inmóvil a un lado. Lleva todas las de perder.

“¡Cede de una buena vez!” Le grito, pero sus ojos brillan con la desesperación de quien no tiene nada que perder. Sus piernas patalean bajo el peso de mi cuerpo. Una de ellas golpea algo metálico. Yo continúo presionando la barra contra su brazo y su garganta. Sus pies le dan a algo por segunda vez, con más fuerza. Miro por encima de mi hombro demasiado tarde como para descubrir que ha estado pateando la pesa, que ahora se nos viene encima.

Mi espalda y mi cabeza absorben la mayor parte del golpe y, aturdida, no puedo evitar que Leo me empuje a un lado y gatee hasta la pistola. “Quieta,” susurra sin aliento al encañonarme. Se pone en pie torpemente. Su brazo derecho está torcido en un ángulo antinatural. Pero su mano izquierda tiene el arma apuntada a mi cabeza. “Cambio de planes, perra.”

Las ventanas del gimnasio se estremecen con el estruendo del disparo.

CONTINUARÁ...

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domingo, 25 de noviembre de 2007

El Candidato Indiscreto: Episodio XXI

Debí haber hecho esto desde un principio. Pero en el fondo temía lo que podría hallar. La cerradura del apartamento de Caridad, la bailarina desaparecida, no es mayor problema para mis herramientas. En su interior, hago una pausa y me lleno de valor antes de encender mi flashlight. Afortunadamente no me topo con la escena de un combate, que era lo que me asustaba. El apartamento está intacto. Un poco sucio, pero todo preserva un orden aceptable. Es como si Caridad hubiera salido un día en la mañana y jamás hubiese regresado. Lo cual tampoco curará mi insomnio.

Una inspección más minuciosa me revela un elemento desconcertante. Caridad no tiene computadora ni cámara digital. Pero en su mesa de noche guarda un memory stick. Como el que utilizaría la cámara de Lucero Coronado. Abandono el apartamento sin dejar rastro de mi visita, salvo el stick que me llevo en mi bolsillo.

Me traslado de inmediato a Baker Street Security. A esa hora de la noche soy la única en la agencia. Reviso el contenido del memory stick. No me asombra en lo más mínimo encontrar las controversiales fotos de Oliver Coronado en él. Lo que me revienta es que ahora la historia se torna más incongruente. Si el Partido Innominado hubiera hecho desaparecer a Caridad, no existe ni la más remota probabilidad de que dejarían la fuente de todos sus dolores de cabeza olvidada en el apartamento. El hecho de que el stick esté en mis manos los absuelve de cualquier crimen. Pero queda la pregunta del millón de dólares: ¿Dónde está Caridad?

Necesito ejercitarme para despejar mi mente, así que cierro la oficina y me voy al gimnasio. No sé cuánto tiempo paso en las máquinas. Estoy en las pesas cuando con el rabo del ojo veo que Jaime se ha echado la mochila al hombro, pero se dirige hacia mí antes de salir. Cambio a pesas más livianas para no intimidarlo. Repetimos la misma rutina de charla casual que llevamos desde que nos conocimos. Pero esta vez es diferente. Lo noto en sus ojos. Hay determinación. ¡Que no lo haga! Por favor, que hoy no lo haga. No lo hagas, no lo hagas, no lo hagas…

“Tengo dos boletos para la cena del Club de Leones,” comenta. ¡Ojalá no lo hubiera hecho! “Y se me ocurrió que quizás querrías acompañarme.” ¡Aaaargh!

“Gracias, pero tendrá que ser la próxima vez;” me excuso. “Éste no es buen momento para mí.” De veras quisiera que volviera a intentarlo, pero sé por cómo se despide y camina hacia la salida que no lo hará. Lo triste es que él sí me gustaba. Su único defecto es ser inoportuno. Después de pasar semanas en Babylonia viendo el peor lado de su género, todavía no estoy lista para tratar a los hombres como algo más que esclavos de sus hormonas.

Entierro la cara en mis manos por unos instantes. Necesito dejar este caso atrás. Pero para hacerlo necesito saber qué sucedió con Caridad. De lo contrario, no encontraré paz por mucho que la busque.

Cuando vuelvo a levantar la cabeza, descubro que la oscuridad se ha esparcido a mi alrededor. Las luces del gimnasio se han apagado. Pero los parlantes del radio siguen sonando, o sea que no se trata de un apagón. Giro lentamente y descubro que, al irse Jaime, yo era la única cliente que quedaba en el local. Pero el chico que atiende a esta hora sabía que yo estaba aquí. Y él nunca apagaría sin avisarme antes que es hora de cerrar. Tengo un mal feeling sobre esto. Camino entre las máquinas hasta llegar a la recepción. Y detrás del mostrador encuentro al susodicho fuera de sí. Está vivo, pero un hilo de sangre desciende por su frente. Alguien le dio un golpe colosal.

“Houston, tenemos un problema;” murmuro al ponerme de pie.

“¡Un gran problema!” El agresor confirma a mis espaldas.

CONTINUARÁ ...

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domingo, 28 de octubre de 2007

De La Pila de Libros ...

Últimamente he estado absorbiendo toda la información disponible sobre la crisis de los misiles rusos en Cuba de 1962. Es la semilla de un nuevo proyecto, pero su primera oración quizás no se escriba hasta el tercer o cuarto mes del próximo año, así que hablar de él sería prematuro.

En su lugar, quiero comentar una fabulosa novela cuya existencia descubrí durante mis investigaciones. Se llama Resurrection Day y en ella el autor Brendan DuBois plantea una historia alterna en donde la crisis escaló a una guerra nuclear que aniquiló a la Unión Soviética y devastó a Estados Unidos, convirtiéndolo en una nación tercer mundista.

Me siento exhausto con sólo considerar la investigación que DuBois tuvo que llevar a cabo para construir el mundo que nos presenta diez años después de la tercera guerra mundial: EEUU es un país bajo ley marcial, con libertades civiles limitadas y estados completamente inhabitables debido a la radioactividad, tras la muerte de cientos de miles de personas por hambre y de frío. Kennedy es el Presidente más odiado en la historia de EEUU. Los estadounidenses son despreciados en Europa por el daño irreparable que su acometida nuclear contra los soviéticos infligió en el planeta y los británicos se sienten discretamente satisfechos al ver que su antigua colonia nuevamente depende de sus subsidios. Los periódicos son censurados por un editor militar, y cualquier voz que se oponga a alguna decisión del gobierno marcial es enviada a trabajar a los campos de descontaminación que equivale a una sentencia de muerte. Y un inolvidable recorrido por las islas desiertas de Manhattan y New Jersey dejará en la mente de los lectores la huella indeleble de los resultados de un holocausto nuclear.

Resurrection Day no es una novela fácil de conseguir. Tuve que rastrearla arduamente por Internet y acabé comprando un ejemplar de segunda mano. Pero les aseguro que el esfuerzo valió la pena, y en sus páginas disfrutarán de una resonante y singular historia que recordarán mucho después de concluir su lectura.

domingo, 21 de octubre de 2007

El Candidato Indiscreto: Episodio XX

“Los días pasan y ella sigue sin ir a trabajar. La llamamos a su casa, a su celular, a toda hora, dejamos, no sé, montones de mensajes, nada.” Donna está visiblemente nerviosa por lo que me cuenta. Constantemente mira por encima de su hombro, a ver si alguien en el restaurante se fija en nuestra conversación.

“Hemos ido a su apartamento y nadie nos atiende,” aporta Belén. “La vecina dice que tiene tiempo sin verla ni oírla.”

“¿Cuándo fue la última vez que ustedes vieron a Caridad?” Pregunto.

“Hace nueve días,” responde Donna. Sus nervios crecen a alta velocidad. “¿Crees que tenga que ver con, tú sabes, con lo del caso, lo que pasó en el club?”

Lo más probable. “No pienses en eso ahora, Donna. Hiciste bien en llamarme.” Porque yo soy la culpable de lo que sea que le haya pasado a Caridad.

“No sé cuánto cobrarás por tus servicios,” dice Belén. “Pero podemos pagarte—”

“Ni hablar,” rechazo la oferta, aunque ellas ganan en una noche más de lo que yo hago en una semana. Me revienta este sentimiento de culpa. “Déjenme ver qué puedo hacer para ayudarlas.”

Lo que puedo hacer es minúsculo. Repito todos los pasos que ellas ya siguieron. Intento localizar a Caridad por todas las fuentes habituales. Nada. Visito su apartamento a todas horas. Nadie atiende. Mi sangre empieza a hervir. Porque sólo hay una explicación lógica revoloteando en mi cerebro. El Partido del Billete ‘se hizo cargo’ de ella. Es mejor no tener cabos sueltos. Esas fueron las palabras que yo utilicé para describirla: Cabo suelto. Y puedo haberle puesto una sentencia de muerte a la pobre chica. Puede que haya una explicación lógica y sana a todo esto que yo no logre divisar. Pero si los bastardos del Partido Innominado están detrás de su desaparición, no descansaré hasta acabar con cada uno de ellos. Empezando con el degenerado de Coronado.

Los días transcurren y yo sigo sin alternativas. Me voy obsesionando con el misterio. Eso nunca es saludable. No tarda en brotar la idea de que debo espiar a los financistas de Coronado, el auténtico poder detrás del trono. Los sigo uno a uno. Saúl Ballesteros. Efraín Ferrer. Narciso Carles. Reviso sus residencias. Sus oficinas. Sus automóviles. Anularían las cartas de recomendación que me dieron si se enterasen. Todos parecen ser ajenos a la desaparición de Caridad. He dejado a Guillermo Arias de último deliberadamente. Lo conozco a él y a su pasado sórdido, y es quien más se inclina a tomar una acción drástica para eliminar un inconveniente.

No tardo mucho en descubrir que anda en algo turbio. Además de las dos queridas que tiene. Guillermo usa un celular alterno del cual, por todo lo que he visto, sus socios oficiales no tienen conocimiento. Recibe y hace poquísimas llamadas, pero lo suficiente como para despertar mi interés. Intervenir la señal de un celular es aún más fácil que plantar un micrófono en un teléfono fijo. No me cuesta nada sintonizar Radio Guillermo Arias y escuchar los más grandes hits del momento. Pasan un par de días. Me entero de varias cosas interesantes. Es increíble la variedad de asuntos en los que un sujeto como Arias puede insertar sus tentáculos. Pero ninguno lo vincula a Caridad.

Al final lo sigo a la pista más jugosa, una reunión enigmática en el Hotel Riande Continental. Pero acabo decepcionada cuando descubro que sus acompañantes son Mario Echevers y los otros dos individuos que concertaron el encuentro previo con Oliver. Al parecer, aunque Guillermo oficialmente respalda a Coronado, también se mantiene amigable con la competencia, por cualquier contingencia. Lo que popularmente le dicen ‘saltamontes’. Yo más bien lo llamaría alimaña.

Mi toalla cae a la lona. Pero antes de marcharme, les envío con el camarero una nueva ronda de bebidas, junto a mi tarjeta de presentación. Sólo para que Arias sepa que nunca estará del todo a salvo.

CONTINUARÁ...



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sábado, 20 de octubre de 2007

De La Pila de Libros ...

Odd Thomas ve fantasmas. ¡Gran cosa! Jennifer Love Hewitt y Haley Joel Osment también.

Pero la ficción no es sólo sobre el tema sino sobre su enfoque, y Dean Koontz—un autor que tras leerlo desde la escuela ya empezaba a aburrirme—recapturó mi atención con las tres novelas de este peculiar jovencito a quien se le presentan los recién fallecidos en busca de su ayuda. (Y los bodachs, que vaticinan siempre grandes tragedias.)

A través de Odd Thomas, Forever Odd y Brother Odd acompañamos al protagonista en un trío de aventuras singulares sobre las cuales no entraré en detalle ahora mismo; basta con decir que el encanto no está en su magentismo psíquico o sus visitantes del más allá sino en su propia caracterización y la del elenco del pueblo de Pico Mundo. Y es que Odd no es un héroe; si pudiera se desharía de su habilidad especial en un parpadeo. Y la tristeza que inspira su deber se deja ver en su relato sin cruzar la frontera con la amargura.

La saga se enriquece gracias al conjunto de personajes con los cuales Odd interactúa en el pueblo desértico y luego en un convento. Una familia sustituta se forja como confidentes y guardianes de su habilidad secreta: El obeso escritor Ozzie Boone (y su gato El Terrible Chester) quien incita a Odd a plasmar sus aventuras en papel para la posteridad. El Jefe de Policía Wyatt Porter—el Comisionado Gordon de Odd—quien no está unido al protagonista sólo por su frecuente ayuda para resolver crímenes sino por un hondo afecto paternal. Terri Stambaugh, la jefa de Odd en el restaurante y la madre que su progenitora nunca fue. Luego en el convento adoptamos al misterioso bibliotecario Rodion Romanovich y al Hermano Nudillos, el más simpático sicario bregando por la redención. Y no puedo dejar de mencionar a Stormy Llewellyn, el gran amor de la vida de Thomas, la presencia más fuerte en los tres libros.

Ah, y también cuenta con la amistad de Elvis Presley. Sí, el Rey del Rock and Roll vive con Odd.

¿Falta más aliciente para leer estas novelas?