"Imagination is the one weapon in the war against reality."

Jules De Gaultier



sábado, 10 de febrero de 2007

La Novela Policíaca y de Terror Como Arte Literario


El Jueves 8 de Febrero tuve la oportunidad de compartir con la Asociación de Escritores de Panamá, quienes generosamente me invitaron a participar de su ciclo temático de coloquios literarios, en esta ocasión dedicado a la novela negra de la cual, como imaginarán, algo conozco...


Fue una velada muy amena, en la cual pudimos discurrir sobre las tendencias que han alimentado este género desde que Edgar Allan Poe lo engendró hasta autores actuales como Greg Rucka y Brad Meltzer.

Además, la excelente intervención de Álvaro Menéndez Franco nos hizo observar que manifestaciones del género se han dado en grandes obras históricas de la Literatura Universal y Nacional.


La grata tarea de ordenar mis ideas sobre la llamada novela negra me ha entusiasmado con la idea de hacer un trabajo más elaborado sobre el género. Más adelante en RFJ Planet estaré compartiendo con ustedes algunos de mis planteamientos de esa noche, y próximamente estaremos retomando esa temática en el programa radial Tertulia Literaria y en un Café Literario en Exedra Books del cual oportunamente les informaré.

Mientras tanto, le agradezco a mis colegas en este fascinante oficio su paciencia esa noche como mi obstinada insistencia en recurrir al término anglosajón thriller para referirime al género. ¿Por qué lo hago? Sigan visitando RFJ Planet, ya se los explicaré...

El Candidato Indiscreto: Episodio VIII

“Tu chantajista se está tornando profesional,” oigo la voz de Samuel detrás del periódico que oculta su rostro. En su escritorio descansa el CD que recibieron en el partido con las fotos de Lucero Coronado.

“¿Nada de huellas digitales?”

Samuel dobla el diario cuidadosamente y me mira. “Sólo las de tus cinco amigos,” responde. “Además, la idea del CD en lugar de fotos impresas también es síntoma de que se está organizando mejor. ¿Qué hay de la nota?”

“Ismael no me pudo ayudar porque sólo tenía tinta negra,” me encojo de hombros. “No hay forma de saber si se imprimieron con el mismo cabezal defectuoso. A lo mejor por esa precaución mandó las fotos en disco.” Tomo el CD pero vacilo en la puerta, y Samuel percibe enseguida que quiero intercambiar teorías con él.

“¿Qué se te ocurre?” Inquiere, y le relato todas las posibilidades: La aparición enigmática de Esteban Sucre y Gómez, el negocio ilícito de Virgilio y Leo, los secuaces de Mario Echevers. “Y piensas que quizás han descubierto la gallina de los huevos de oro y se están organizando.”

“No sé…” Dejo que la frase flote en el aire un rato antes de revelarle cómo Oliver les ocultó a sus socios el sobre alterno que llegó a su casa.

“A lo mejor ha optado por pagar por su cuenta,” propone Samuel. “Para los demás, es cuestión de negocios. Para él se trata de su reputación.”

“Puede ser,” asiento. “Y eso es lo que planeo averiguar.”

Consigo prestado el automóvil de Samuel para seguir a Oliver durante todo el día. La mayoría de su rutina es bastante predecible para un político viudo. Luego de participar en un programa de opinión en TV, visita el apartamento de su hija. Puedo deducir el tema de conversación por lo ofuscado que sale del edificio. Supongo que no tuvo mucho éxito reprochándole sus vicios.

Eventualmente el día da frutos. Coronado me guía hasta una residencia en Altos del Golf, en donde le permiten estacionar su carro convenientemente fuera de la vista de la calle. Un hombre lo recibe y lo invita a pasar. Gracias a mis binoculares lo identifico como el conductor del vehículo que llevó el sobre blanco. Desaparecen de mi vista y empiezo a considerar la idea de saltar el muro y acercarme más a la casa. El problema es que a plena luz del día tendría mucha suerte de no ser descubierta. La alternativa acaba siendo irrelevante, porque la figura de Oliver vuelve a ser visible a través de una de las ventanas del segundo piso, en lo que parece ser una sala de estar. Unos segundos después en la línea de visión de mis binoculares entra Mario Echevers, quien le entrega un vaso a Oliver y leo en sus labios la palabra ‘Salud.’

Del asiento trasero tomo uno de mis juguetes favoritos: Un láser que apuntado a ciertas superficies recoge todas las vibraciones y las transmite de vuelta a un receptor que las traduce a palabras. Hago los ajustes pertinentes y logro enfocarlo en la ventana, de la cual los dos oponentes han desaparecido. Sus voces llegan a mis oídos, un poco distorsionadas, pero aún claramente suyas. Pongo a grabar la conversación, que de momento se enfoca en charla casual. Algo me dice que los empresarios que financian la vida política de Oliver no están al tanto de sus reuniones secretas con su mayor adversario.

“¿Qué tal si vamos al grano, Mario?” Escucho la voz de Coronado. “Recibí tu invitación. Supongo que tienes algo importante que discutir.” Ergo, el sobre blanco que llegó a su casa lo citaba a este lugar.

“Algo lógico, en realidad;” replica Echevers. “Tú tienes el apoyo de un sector importante del pueblo. Pero no vas a llegar lejos sin un partido de verdad de tu lado. ¿Ves hacia dónde me dirijo?” Yo, por lo menos, estoy clara. Y la respuesta que Coronado dé puede cambiar el caso por completo. “¿Cuánto me va a costar que unamos fuerzas, Oliver?”

CONTINUARÁ...
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domingo, 21 de enero de 2007

El Candidato Indiscreto: Episodio VII

Oliver Coronado, el candidato preferido para los próximos comicios electorales, luce como si acabase de ver al fantasma de Torrijos. Ya me imagino por qué convocaron esta reunión nocturna de emergencia en la seda del partido.

Saúl me muestra un disco compacto. “Nuevas fotos,” me indica mientras Efraín enciende una laptop. “Esta vez no se molestaron en imprimirlas.” Ferrer inserta el CD en la unidad de la computadora, e instantes después las fotografías aparecen en el monitor, una tras otra. Esperaba ver otro despliegue de las indiscreciones de Coronado, y me equivoqué. Esto es peor.

“¡¿Por qué a mi hija?!” Oliver no puede contener más su indignación. “¡¿Por qué tienen que arrastrarla a ella a esto?!”

En la pantalla vemos a Lucero Coronado, hija única de Oliver, en medio de una fiesta que por lo visto fue bastante salvaje. Pero esa no es la parte comprometedora. El detalle es que en todas las fotos Lucero aparece rellenándose la nariz de cocaína. Empiezo a sacar deducciones. “La resolución de estas fotos es más baja que la del primer lote,” observo. “Considerando eso, y el ángulo en que las tomaron, pienso que fueron sacadas con la cámara de un teléfono celular.”

“¡¿Y eso en qué ayuda?!” Oliver intenta enfocar su frustración en mí.

“En la primera vuelta, alguien le tendió una trampa;” aclaro. “Ese alguien tuvo tiempo para preparase y escoger el mejor ángulo para retratarlo con una buena cámara sin que usted se diera cuenta. Estas fotos, dada la calidad, me dan la impresión de ser algo del momento, alguien que vio la oportunidad y la tomó como pudo.” Miro a los otros Cuatro Jinetes. “Me imagino que esta vez tampoco se acordaron de no dejar sus huellas digitales en el CD,” les digo con un suspiro de resignación. “Me voy a tener que llevar el disco, y el sobre en que llegó, también. ¿Algo más venía adentro?”

“Una nota,” asiente Guillermo Arias. Camina hasta la mesa en la que nos hemos reunido y deja frente a mí un papel que sostenía con un pañuelo. En él, las letras Arial impresas exigen, a cambio de no transmitirle a los medios y a las autoridades las fotos contenidas en el CD, un monto con varios ceros detrás.

“Se está poniendo ambicioso, ¿no?” Comenta Narciso Carles.

Releo varias veces el nuevo mensaje del chantajista. Hay algo en la redacción gramatical que no concuerda con la primera nota, pero no logro descifrar qué. Ha variado de objetivos políticos a simple ánimo de lucro. “No nos informa cómo ni cuándo hay que pagarle la cantidad que exige,” comento. “Ergo, él mismo aún no ha decidido cómo lo hará. Eso nos da un poco de tiempo extra.”

“¡No hay ‘tiempo extra’!” Exclama Guillermo Arias. “¡Queremos que se haga cargo de este problema de una buena vez!”

Ni siquiera me inmuto en mirarlo. “En ese caso no debo desperdiciar más tiempo especulando aquí, ¿no?” Replico sin que me robe la calma.

“Aquí está el sobre,” anuncia Efraín al colocarlo junto a la nota. Parpadeo varias veces como una imbécil, sin comprender lo que implica el sobre manila que me ha entregado.

“¿En este sobre llegó ese CD y la nueva nota?” Pregunto. Es un sobre manila idéntico al del primer grupo de fotos.

“Así es,” confirma Narciso. “Llegó a la oficina del partido hoy, por courier.”

Miro a Oliver Coronado de reojo. Él no les ha dicho del sobre blanco que fue entregado en su casa ayer. Tengo un feeling de que el candidato prodigio no es tan honesto como todos creen.

CONTINUARÁ...


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lunes, 1 de enero de 2007

El Candidato Indiscreto: Episodio VI

Admiro a Ismael. Lo conocí hace casi dos años, cuando nos contrató para resolver un caso de fraude laboral en su imprenta. No lo había vuelto a ver hasta hoy. Las fotografías del chantajista fueron tiradas a colores en papel Bond de veinte libras, aparentemente en una impresora común y corriente. Fueron tomadas con una cámara digital de buena resolución, calculo que de mínimo cinco mega píxeles. Se las traje a Ismael para ver si su ojo educado encontraba alguna pista que escapara al mío. Él no tuvo problema con firmar un acuerdo de confidencialidad antes de verlas. Ahora, mientras él estudia las hojas con una lupa y una concentración absoluta, me siento profundamente agradecida por mi trabajo. Admiro a Ismael porque si yo tuviera una profesión tan monótona como la suya, enterraría tachuelas en las yemas de mis dedos con tal de huir del aburrimiento.

“Hmm,” Ismael inclina la cabeza pensativamente. No puedo esperar y pregunto. “Bueno… Verás, Sabrina, todas las impresiones se hacen con cuatro colores básicos: Negro, amarillo, cyan y magenta.” Deja la lupa a un lado y me mira. “Mezclándolos en proporciones precisas se obtiene cualquier otro color imaginable. Ahora, si te fijas en estas hojas—” Su dedo índice dibuja círculos en el aire sobre cada imagen. “—todas están ligeramente amarillentas. ¿Lo ves?” Asiento. Lo había notado antes, pero creí que era defecto de la foto en sí. “Esto me hace suponer que la cabeza con las que fueron impresas está defectuosa, y está aportando un poco menos de magenta de lo apropiado.” Entrelaza sus dedos mientras concluye, “Pero no hay forma de saberlo con certeza a menos que contemos con la cabeza para comparar impresiones.”

“Ismael, eres un genio;” lo halago. También es prácticamente inútil, a fin de cuentas. Su contribución no ayuda a estrechar el margen de sospechosos. Pero al menos servirá como un elemento de control entre los que ya tengo.

Me tomo la tarde para liberar mi frustración por la noche anterior en el gimnasio al que frecuento. Los ejercicios no resultan del todo efectivos. Mientras pedaleo en la bicicleta estática, repaso mis sospechosos. En la mañana investigué a los dos mensajeros que pasaron por casa de Oliver, y confirmé que ambos son miembros del partido de Echevers. Por otro lado, si Virgilio tiene un negocio suplementario montado con el tal Leo, ¿qué tan improbable es que también se dediquen al chantaje? Pero sería por lucro, y a ellos en nada les beneficia excluir a Coronado de la política. ¿A menos que estén actuando como intermediarios?

“¿Sabrina?” Jaime se acerca a saludarme. Él también asiste constantemente al gimnasio y, más importante, es mi tipo. “¿Cómo estás? Hace varios días que no te veía.”

“El trabajo me ha tenido un poco ocupada,” le explico. Él labora en un banco. Yo he omitido mencionar mi profesión. Paro de pedalear y me seco con mi toalla de mano. El top ajustado y mis pantalones de lycra deberían facilitar mi cometido. Lo peculiar es que no surten el efecto buscado. Yo le atraigo a Jaime. Me he dado cuenta cómo me mira a veces cuando piensa que yo no me fijo. Y sé que las últimas veces que se me ha acercado a entablar conversación, lo ha hecho con el objetivo de invitarme a salir. Pero nunca se decide a hacerlo, a pesar de que yo he correspondido con el flirteo apropiado. Ésta conversación concluye igual que las anteriores. Después de hacer charla casual, Jaime se despide y reanuda su rutina de ejercicios, y yo me quedo con un signo de interrogación colgando sobre mi cráneo. Sólo algo se me ocurre: Hace un par de semanas Jaime estaba presente cuando me sobrepasé en mi entrenamiento y accidentalmente derribe el saco de arena con una patada. Desde aquel día él ha estado estancado. ¿Será que lo intimido? El ego de los hombres es una de las cosas más absurdas y frágiles de este planeta…

El timbre de mi celular aleja mi inexistente vida sentimental. Es el número del Partido Innominado. Bebo un trago de mi botella de agua y respondo, “Saavedra.”

“Sabrina, habla Guillermo;” la voz que se identifica suena consternada. Recuerdo el sobre blanco que entregaron en casa de Oliver. “Tenemos que reunirnos. De inmediato. Nuestro problema acaba de adquirir una dimensión aún más seria.”

CONTINUARÁ...

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El Candidato Indiscreto: Episodio V

Comienzo a creer que estoy desperdiciando el tiempo en Babylonia. Pero sé que esa idea surge por mis ganas de alejarme del comercio de la carne. La mecánica en este sitio es curiosa: Es cierto que los hombres las tratan como mercancía, pero las strippers en el fondo los tratan con un desprecio singular que ellos ni siquiera notan. ¿Quién tiene el control, en realidad?

Mi mente no deja de pensar en el sobre que fue depositado en casa de Coronado y cuál es su contenido probable. Inclusive llego a ignorar a algunos clientes, accidentalmente. Pero en el instante en que diviso al sujeto de orejas llamativas y párpados caídos que ronda estos lares, aquel enigma queda relegado a segundo plano. Está inclinado hacia el asiento de un cliente, platicando. Pero la charla no dura mucho, y él camina hacia el baño de varones. No me sorprende que unos momentos después su interlocutor siga el mismo rumbo. No es necesario ser Ingeniera Aeroespacial para deducir lo que sucede.

Dejo mi bandeja en una esquina del bar y me abro paso en la misma dirección. Hace varios días que tenía un feeling sobre esto. Otro hombre está por entrar al baño, pero cuando ve que yo abro la puerta e ingreso sin titubear, decide posponer su visita. Mi aparición es oportuna; el dinero y el sobre transparente están intercambiando manos.

“¡¿Qué está pasando aquí?!” Reclamo al acercarme a ellos. El comprador palidece y la bolsita de cocaína se desliza entre sus dedos y cae al piso. Agacha la cabeza y pasa a toda prisa a mi lado, desesperado por escapar del club.

“¡Y, ¿quién se supone que eres tú?!” Protesta el vendedor al agacharse para recoger su producto. Coloco la suela de mi zapato sobre la bolsa para impedírselo.

“Trabajo aquí, y voy a llamar a la policía;” le advierto. Para mi desconcierto, suelta una carcajada, luciendo su dentadura descuidada.

“¿Quieres usar mi celular?” Me ofrece su Ericsson. Acto seguido hace una llamada y, sin quitarme los ojos de encima, dice; “Es Leo. Tengo una situación con una de tus empleadas.” Houston, tenemos un problema.

Minutos después aparece Virgilio, el dueño de Babylonia. Y no luce alegre. “Mira lo que estaba vendiendo,” le informo al retirar mi pie de la bolsita. Rápidamente Leo se inclina y la hace desaparecer en su bolsillo.

“No veo nada,” Virgilio se encoge de hombros. ¡Bastardo! Leo se ríe de mi expresión, le da una palmada en el hombro y abandona el baño. “Te lo voy a poner muy claro, Sabrina;” Virgilio me advierte al interponerse entre la salida y yo. “No te metas con Leo. Para ti, él no existe. ¿Captas?”

Whatever,” murmuro resignada al tratar de llegar a la puerta. Virgilio me toma de la muñeca, me gira y me coloca contra la pared. Su cuerpo se acerca demasiado al mío. “Virgilio, por favor…”

“Hay muchos beneficios que puedes obtener en Babylonia si aprendes a seguir las reglas,” me dice al oído. Su mano se desliza por mi muslo hasta mi cintura. Hay varias formas en las que podría dejarlo de cabeza en un inodoro. Podría torcer el brazo con el que me sujeta para que se tenga que bañar en Cofal por dos días. Pero intento fingir debilidad, mantener mi cubierta. Sin embargo, si esa mano sigue subiendo no responderé por mis actos.

Como si leyera mi mente, Virgilio me suelta. Me guiña un ojo y me deja a solas en el baño. Tomo unos minutos para ponerle riendas a mi ira. Cuando salgo, una de las bailarinas, Donna, está fumando en una esquina. Me mira de arriba a abajo y me dice, “Ten cuidado con esos dos.” Por primera vez escucho simpatía en su voz. “Son una mala mezcla.”

Ergo, Babylonia acaba de volver a ser un sitio interesante para mí.

CONTINUARÁ...
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Tertulia Literaria de Aniversario

El pasado 16 de Diciembre el programa Tertulia Literaria de W Radio cumplió cinco años de transmisión, celebrando así una longevidad inusitada en el panorama cultural panameño.


Gracias a la visión y la constante dirección del Profesor Ricardo Ríos el equipo de Tertulia ha protagonizado las ferias internacionales del libro, ha organizado carnavales de letras, ha llegado hasta la cárcel de La Palma en Darién y se ha establecido como la voz del Panamá Literario.



El programa de aniversario Tertulia contó con la participación de sus principales colaboradores como Isolda De León, Juan Manuel Casares, Lil María Herrera, Lizzy Brostella y Karina Bermúdez, y un numeroso grupo de autores nacionales quienes obsequiaron ejemplares de sus obras a los oyentes.

¡Felicitaciones por este primer lustro!

sábado, 9 de diciembre de 2006

El Candidato Indiscreto: Episodio IV

Samuel Prado es el propietario de Baker Street Security. En ocasiones tiene destellos de genialidad en la Criminalística, lo cual me hace intuir que la mayor parte del tiempo disimula sus habilidades. El hecho de que parece uno de los conquistadores españoles le ayuda a pasar inadvertido.

“Hoy es tu día de suerte, Sabrina;” anuncia al verme entrar a su oficina.

“¿Duplicarás mi salario?” Me siento frente a él y apoyo los talones en el borde de su pupitre.

“Buen intento,” sonríe al empujar mis botas hacia el piso. “Conseguimos huellas,” me informa al levantar la bolsa transparente que contiene las fotos comprometedoras. “La mala noticia es que no coinciden con las que has traído,” advierte. Me he robado todos los vasos de shots de Babylonia que he podido, para que Samuel levante las huellas de las strippers. Pero faltan varias. “Indagaré si están registradas en algún lado, pero no estoy optimista. Ya sabes cómo es este país.”

Señalo el grupo de fotos. “¿Me las prestas? Quiero consultar otro especialista.” Samuel asiente y me llevo la bolsa a mi oficina, en donde tomo una breve siesta. Trabajar de día y de noche está alterando mi reloj biológico. Y ni hablar de lo que eso le hace a mi cutis.

Un rato después despierto, me pongo mis gafas oscuras y salgo en mi Honda CR-V blanco a explorar otra arista del caso. A mis clientes les encantaría que Mario Echevers quedara embarrado en este lío. Se las ingeniarían para que su intento de chantaje saliera a la luz pública sin que la atención se centrara en las indiscreciones de Coronado, y eliminarían del camino al mayor obstáculo entre ellos y la Presidencia. No me emociona la idea de jugar pelota con ellos, pero individuos vinculados al colectivo de Echevers han sido vistos rondando las oficinas del Partido Innominado y la residencia de Oliver. Antes de que las fotos surgieran, ellos creían que buscaban coimear a alguno de sus empleados para obtener información de sus estrategias, pero desde el instante en que llegó el sobre manila todos han clamado por la cabeza de Echevers. En lo personal, sigo creyendo que alguien dentro de Babylonia tiene que estar involucrado, pero mi labor es descartar todas las posibilidades.

Paso el resto de la tarde patrullando la sede del partido y áreas aledañas. En mi aburrimiento escucho mi CD de Queen dos veces consecutivas y fantaseo con una tarea de vigilancia emocionante, como en las películas. En la vida real son monótonas, desesperantes, e incrementan mis posibilidades de suicidio. Sin embargo, cuando Oliver sale del local y aborda su vehículo, noto otro automóvil al final de la calle que inicia la marcha y lo sigue discretamente. ¿Qué tenemos aquí? La caravana de espionaje nos lleva hasta la residencia de Coronado, en donde el auto sospechoso da varias vueltas perezosas pero no termina de marcharse. Lidio con un amateur; ni siquiera se ha fijado en mi presencia.

Ya cuando ha caído la noche el auto se detiene unas cuantas casas antes de la de Oliver y de su interior desciende un sujeto que camina a prisa hacia ella. Mientras tanto, el carro avanza muy despacio. El mensajero llega al portal de la casa y desliza un sobre blanco bajo la puerta. En el ínterin le saco una docena de fotografías. Su transporte alcanza la casa justo cuando él vuelve a la acera; se sube y reanudan la marcha.

¡Bingo!

Los sigo hasta una casa en Cerro Viento, en donde el mensajero se despide y se baja. Ya tengo la placa y la dirección. Y suficientes fotos como para hacer un álbum. Me dispongo a seguir al conductor cuando mi celular suena.

“Sabrina, ¿dónde estás?” Es uno de los meseros del club. “Virgilio anda preguntando por ti, y no te voy a poder tapar por mucho tiempo. ¡Muévete!”

“Voy en camino,” le informo con un suspiro de resignación. Supongo que mi cerebro bloqueó que era hora de volver al altar de la testosterona.
CONTINUARÁ...

domingo, 19 de noviembre de 2006

El Candidato Indiscreto: Episodio III

Oliver Coronado es una especie en extinción. Si no lo conociera personalmente, no lo creería: Un político con buenas intenciones. Después de trabajar en uno de los partidos tradicionales y desempeñarse como Legislador y como Ministro, Coronado sorprendió a todos al correr como independiente en las últimas elecciones y llegar asombrosamente cerca de vencer a la actual mandataria. El pueblo quiere a Oliver porque es honesto y porque ha demostrado su deseo de mejorar el país. Me pregunto qué hace sentado a la mesa con los Cuatro Jinetes del Apocalipsis.

“Por supuesto que tengo sospechosos,” respondo a la pregunta planteada. “Pero no sería profesionalmente correcto compartir nombres a estas alturas.”

“Pero somos sus clientes,” advierte Saúl Ballesteros. “Me imagino que hay una confidencialidad legal. Tenemos derecho a saber.”

Suelto un suspiro de exasperación. Si tengo que explicárselo, no lo va a entender. Miro alrededor de la mesa, recorriendo los rostros de Coronado y los cuatro cabecillas del Partido Innominado—como jocosamente les dicen en la calle—o El Partido del Billete—apodo que les doy cuando no me oyen. Después del arrollador éxito de Oliver, un consorcio de los más importantes empresarios de la ciudad le han organizado este partido para garantizar que llegue al Palacio de Las Garzas en las próximas elecciones. Recuerdo a mi Padre decir que Panamá es un país hecho por la aristocracia para la aristocracia, y no puedo evitar darle la razón.

Sorry,” me encojo de hombros. “Simplemente no estoy lista para señalar a alguien. Éste es un trabajo delicado que requiere tiempo y paciencia.”

“¿Ya investigó a Echevers?” Inquiere Narciso Carles, refiriéndose a Mario Echevers, el favorito de la oposición para lanzarse en los próximos comicios, y el preferido de este partido para el rol de chantajista.

“Les expliqué que así no funciona,” los trato como alumnos de kinder. “Tengo que seguir el rastro de las fotos hasta el responsable, no viceversa.”

“¿Y qué hay de las fotos?” Efraín Ferrer interviene.

Las fotos son el motivo por el cual El Partido Innominado contrató mis servicios. Aunque Oliver merece respeto como político, a fin de cuentas es un ser humano y como todos tiene vicios. En particular, este político viudo tiene una afición aguda por las strippers de Babylonia, y es muy generoso con ellas, quienes a su vez lo atienden excelentemente en sus fiestas. Suena bastante inocente, excepto por el hecho de que alguien lo retrató en una de esas juergas. Las fotografías aparecieron una mañana bajo la puerta principal de las oficinas del partido en un sobre manila, acompañadas de una nota que exigía el retiro de Oliver de la vida política. Por supuesto que a los Jinetes no les interesa verlas en la portada de La Crítica o, peor, de Cáscara News. Coronado luce más preocupado por cómo la vergüenza pueda afectar a su hija. Y ahí es donde mi agencia, Baker Street Security, entra en la ecuación.

“Casualmente ahora tengo una reunión para ver los resultados.”

“¡¿Hasta ahora?!” Protesta Carles.

“Habría sido más fácil si todos ustedes no las hubieran manoseado primero,” sueno más defensiva de lo necesario. “Primero había que descartar sus huellas dactilares a ver si quedaba alguna otra.”

“Señorita Saavedra. Sabrina.” Tan sólo la voz de este tipo me revienta. “Contratamos a su empresa porque son considerados los mejores en su oficio.” Guillermo Arias. Paria político. Se lanzó a Presidente y perdió en medio de un escándalo devastador. Ahora es un ‘asesor extra-oficial’ del partido. “Estamos aquí con un objetivo claro. Y tú nos vas a ayudar a remover el escollo. Porque el Señor Coronado va a ser el próximo mandatario de este país. Cueste lo que cueste.”

CONTINUARÁ...
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lunes, 30 de octubre de 2006

El Candidato Indiscreto: Episodio II

“¿Hace cuánto tiempo no nos vemos?” Esa pregunta no suena tan cordial cuando te la hace alguien a quien enviaste a prisión. El Serrucho—antiguo chantajista y actual dolor de cabeza mío—me ha seguido hasta el estacionamiento y mantiene una mano sospechosa dentro del bolsillo. Recuerdo que siempre portaba un puñal, pero también me acuerdo que nunca mató a nadie. ¿Qué probabilidades hay de que la cárcel lo haya cambiado?

“Gómez, sé lo que estás pensando, pero mi presencia aquí no tiene nada que ver contigo;” intento negociar. “¿Qué tal si me das un precio y hacemos como si nunca me viste?”

“Hmm, a ver…” El Serrucho hace un gesto pensativo burlón. “¿Cuánto crees que valen dieciocho meses en El Renacer, Sabrina?” Gómez da tres pasos más hacia mí. Mi .9 mm. está dentro de mi carro. No hay posibilidad de alcanzarla. A menos que él porte un arma de fuego, me siento confiada de que puedo doblegarlo. Pero no sin dejar de ser una discreta mesera. “¿Pensaste en mí en algún momento?” La verdad es que no. Es afortunado de que siquiera lo haya reconocido. Pero no es la ocasión para mencionarlo.

“¡Gómez!” Reconozco la voz antes de ver al recién llegado. El Serrucho retrocede y la mano derecha sale inocentemente del bolsillo. “¿Qué está pasando aquí?” Ante nosotros aparece Esteban Sucre, Director de la Policía Técnica Judicial. Acaba de descender de una Montero cuyo motor ahora inicia la marcha.

“Nada, chief;” asegura El Serrucho. “Echando cuentos, nada más.”

“Anda,” Sucre le señala el carro. “Vamos a dar una vuelta.”

“¡Yo no hice nada!” Gómez protesta y suena como un niño en primaria. Una mirada de Sucre basta para que se resigne y camine de mala gana hacia la Montero.

Sucre me dedica su atención. Por su expresión sé que mi mirada le resulta muy elocuente. “Sabrina.”

Chief,” le digo sarcásticamente. “No sabía que frecuentaba estos locales.”

“Y yo no te imagino de tortillera.”

“Todos somos una pequeña caja de Pandora,” replico. Sucre resopla como un toro anémico. Es obeso, cuenta con un cuello como un hidrante y tiende a sudar en exceso. Nos hemos topado antes. Ninguna de las veces ha sido grata. Y él se ha esmerado por ganarse todo mi desprecio.

“¿En qué andas, Sabrina?”

Miro mi reloj, y luego miro el letrero que dice Babylonia. “¿Le devuelvo la pregunta?”

“Tú carácter es un serio problema,” me advierte con el dedo índice antes de darme la espalda. Como si no hubiera oído eso antes.

Esteban Sucre viene de fábrica con un ego de la talla de su cintura, y dirigir la PTJ lo hace creerse Dios. Es una víbora como los demás. Me consta de primera mano. Sé que los agentes que detuvieron al Zancudo Zurdo en una celda, lo patearon toda la noche y luego lo soltaron sin levantarle cargos actuaban bajo sus órdenes. Y ha impartido muchas instrucciones similares. Tengo un feeling de que no apareció por coincidencia. Me pregunto si andaba tras El Serrucho, o si intervino para protegerlo. Después de todo, hablamos de un chantajista. Vinculado con Esteban se vuelve un sospechoso razonable. Pero ahora mismo tengo un dilema más inmediato.

No tengo nada concreto que reportar en la reunión de mañana con El Partido del Billete.

CONTINUARÁ...


Episodio Anterior: http://rfjplanet.blogspot.com/2006/10/el-candidato-indiscreto-episodio-i.html

domingo, 22 de octubre de 2006

RFJ Planet se une a la celebración que comenzó el lunes 16 de Octubre cuando el autor de La Loma de Cristal y En Nombre del Siglo fue doblemente galardonado con el Premio Ricardo Miró 2006 en las Secciones de Cuento y Novela.

Ariel Barría Alvarado es uno de los autores panameños más prometedores y ha sido reconocido por Neco Endara como nuestro escritor con más futuro literario. Estamos seguros de que Ojos para Oír (cuento) y La Casa que Habitamos (novela) enriquecerán considerablemente la literatura nacional.


En la foto apreciamos al Profesor Barría en la ceremonia de premiacion, en
donde declaró la inauguración oficial del Arielfest ...

En este enlace a CulturaPlus.Net pueden disfrutar de las interesantes palabras que ofreció en la noche de la premiación: http://culturaplus.net/portal/index.php?option=com_content&task=view&id=304&Itemid=8