La primera vez que leí esas tres palabras pasé media hora refunfuñando en mi mente. “¡¿Superfluo, mi texto novelístico?! ¡Ja! ¡Ellos, ¿qué saben?!” Igual esas tres palabras fueron el detonante: Las leí la noche en que, entre queso fundido y margaritas, escribí mi primer guión.
Desde finales de Junio participé en el Diplomado de Guión para Cine y Televisión que dictó el Prof. Manolo Rodríguez en la Universidad Tecnológica. Fue una experiencia muy interesante en múltiples niveles, y para mí uno de ellos fue perderle la reverencia al guión cinematográfico, con el cual ni siquiera había intentado experimentar previamente pese a mi pasión por el cine.
La noche en cuestión había decidido escribir mi primer guión, y tenía a mano una guía de la BBC dedicada principalmente a cuestiones de formato. Tenía mi historia clara en la cabeza, pero todavía la veía en términos de prosa. Entonces, cuando leí en dicha guía que las descripciones debían carecer de todo texto literario superfluo, algo hizo clic en mi cerebro y empecé a escribir.














